Por qué un mundo sin dinero no es un mundo de vagancia

Posted on 23 Ene, 2011 | 0 comments


Todos para todosHablando con Carina, mi compañera de ruta en esta aventura, sacó este tema de la vagancia que me hizo reflexionar y ayudó a escribir este artículo. Gracias!.
Es muy común que detrás de la imagen de un mundo donde una persona tiene todo sus elementos de subsistencia asegurados, se piense en miles o millones de personas haciendo nada, como que el ser humano por “naturaleza” es básicamente vago, y que su máximo sueño y aspiración sería estar tirado y recibiendo todo lo que necesita.

Esta imagen está avalada por una serie de factores que son meramente epocales, o sea, que son propios de la cultura y la historia de donde venimos. Entre esos factores está la obligatoriedad social y cultural de gran parte de las acciones que llevamos adelante en la vida, faltas en su gran mayoría de vocación profunda, sino que son una suerte de deber que como buenos ciudadanos debemos cumplir, estudiar, trabajar, formar una familia… ser exitosos. Este último punto, el éxito y fracaso, está atado al concepto necesario de ganadores y perdedores sin el cual dentro de este sistema deshumanizado, no se puede ser ganador sin que alguien haya perdido algo. La propia acumulación de riqueza monetaria, ligada a la especulación y en algunos casos al robo, al abuso, a la explotación, son factores condicionantes de esta cultura que genera un porcentaje mundial muy pequeño de ganadores y uno muy grande de perdedores. Así entonces en el imaginario quien está del lado de los perdedores porque entró en ese juego de creencias, imagina como su más feliz realidad aquella que está excenta de responsabilidades, excenta de presiones y obligaciones, donde se pueda estar tirado en una reposera de una linda playa con la chica bonita y los sirvientes proveyendole de todas sus necesidades. Pero a esa imagen la avala el concepto absolutamente enraizado en el mundo actual que indica que recibir es mejor que dar. Así pues esa persona allí reposando y recibiendo todo por un grupo de sirvientes neo-esclavisados no es más que el sumun de ese concepto del recibir en su máxima expresión. Es a su vez reflejo de este mundo en el que el concepto de seres humanos mejores y seres humanos peores se encuentra absolutamente difundido, y también enraizado en la visión, porque es parte fundamental de este sistema sin el cual no habría tropismo a intentar llegar a la cima de la pirámide social (símbolo de éxito y diferenciación), y sin ese tropismo, no habría movilidad social, y sin movilidad social no habría un sistema Capitalista en funcionamiento con supervivencia del más apto incluída.

Así entonces la necesaria humanización de los conceptos fundamentales de la economía y las sociedades requiere avanzar en la difusión, práctica y adopción de valores universales como “dar es mejor que recibir”, “trata a los demás como quieres que te traten a ti”, “para haber verdadero progreso humano este debe ser de todos y para todos”, “nada por encima del ser humano, y ningún ser humano por debajo de otro”, “el ser humano como valor y preocupación central”.

Como no puede haber un verdadero mundo sin dinero si no se logra avanzar en estos valores y conceptos, la proyección de nuevo ser humano actuando dentro de una nueva sociedad que le asegura solidariamente su futuro proveyendole no sólo de todos los elementos fundamentales para su subsitencia biológica, sino para su más amplio desarrollo como ser humano, esa proyección no puede hacerse desde esta realidad, sino que debe hacerse desde esas nuevas condiciones que hacen falta alcanzar.

Proyectando entonces desde allí, ese nuevo ser humano tiene a su alcance las posibilidades ya de chico de vivir sin violencia, y de experimentar y aprender permitiéndole encontrar sus grandes vocaciones, su sentido de vida, a lo largo de toda su vida. La familia tipo atomizada en un núcleo cerrado abre paso a una familia socializada donde los niños viven una experiencia muy enriquecida a partir de compartir mucho tiempo con los miembros de su comunidad. En esta nueva realidad donde solidariamente se resuelven las necesidades y se trabaja para el mejoramiento y desarrollo tecnológico que permite aliviar las tareas más básicas y repetitivas que hoy realiza el ser humano, permite que la creatividad y las mejores aspiraciones se puedan poner al servicio de la comunidad. Desde esa nueva conciencia social sin fronteras, es posible incluso descubrir mejores métodos de producción que eviten todo tipo de lucha por los recursos, como hoy día se vislumbra con la fabricación nanotecnológica que promete poder crear todo tipo de objectos y alimentos con la utilización de pequeñas fábricas hogareñas que fabrican y des-fabrican elementos a nivel molecular.

Desde allí entonces debemos entender que un mundo sin dinero es un mundo donde la eliminación de la especulación, y la adopción de mejores valores permiten un avance humanizado del ser humano y las sociedades. Desde allí un ser humano no es alguien que ensueña con no hacer nada, por que allí el hacer desde su vocación, desde la experimentación constante, desde el dar desinteresado impactando positivamente en personas y sociedades, es una nueva y excitante realidad. No es un hacer obligado, no es un hacer forzado, no es un hacer sin poder de decisión. Es un hacer con alma, con mística, con sentido mayor, con conexión. Es un hacer con valor humano.

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