Una visión más allá del capitalismo, parte 5

Posted on 20 Ene, 2014 | 0 comments


Los reflejos adquiridos

Vivimos en un mundo que nos enseña una serie de formas de ver el mundo, relacionarnos y planificar nuestras acciones. Nos impone un conjunto de creencias que se arraigan tan profundamente que sin ellas nos desestabilizaríamos tanto que no seríamos capaces de racionalizar y actuar coherentemente. Incluso se ve hoy a un número cada vez más amplio de personas que viven en la violencia en forma constante, haciendo de ella su única forma de vida conocido, llegando a un grado de deshumanización que choca de frente contra otra gran segmento de la población que tiene otro sistema de creencias y otros reflejos adquiridos.

Hoy el problema es tan complejo de resolver que requerirá varias generaciones de personas. Hay mucho camino por desandar, mucho por innovar, mucho por evolucionar.

La cultura transaccional

Hoy el mundo está fundamentalmente guiado por una cultura transaccional a todo nivel. Ya no soló son necesarias las transacciones comerciales de dinero para comprar los recursos que precisemos para vivir sino que incluso las relaciones interpersonales tienen una cuota importantísima de especulación donde prevalece el recibir-para-dar o el dar-para-recibir, con un grado importante de frustración y violencia resultante. Casi todo se debe pagar, para muchísimas decisiones se debe utilizar la especulación deshumanizante, para muchas actividades comerciales se debe convertir al otro en una cosa a manipular para obtener del otro un rédito económico.  Incluso en numerosas oportunidades la aparente acción de dar algo a otros tiene en su transfondo un objetivo comercial, una estrategia de marketing, o una cuestión de ego. Contrario esto al dar puramente orientado a lograr un bienestar y avance de otra persona, familia, grupo social, etc.

Aún así no creo que debamos hablar del dar desinteresado como si esto fuera la evolución porque lo que realmente hace falta es cambiar el foco del interés  en el acto de dar. O sea, qué es lo que nos interesa al momento de dar, y que no requiramos esperar a recibir algo para comenzar a dar o aportar algo a una persona, un proyecto, una sociedad, etc. El elemento movilizador del dar debe cambiar en la mayoría de las personas, y el resultado tiene que ser positivo para todo el conjunto de los involucrados generando un equilibrio en el cual pudiera lograrse lo mejor posible el precepto de lo que es bueno para uno es bueno para todos, lo que es bueno para todos es bueno para unoSi todos aportáramos sin miramientos, sin especulaciones, desde el gusto, la vocación o la necesidad de bien común y un proyecto conjunto, para confiar y dar -sin caer en el resentimiento si la acción no termina logrando el precepto anterior- necesitamos como conjunto cuidar enormemente los elementos comunes que nos movilizan hacia el futuro. Estos elementos comunes, sean que les llamemos deseos, principos, leyes o preceptos, si fallan se desequilibra el sistema en su conjunto. La incertidumbre así sea de un 1%, si se desconce dónde se encuentra, afecta la credibilidad del 100% del sistema. Así hoy día nos encontramos con leyes creadas para resolver problemas generados por un 1% de la población total pero que afectan automáticamente al 100% de la sociedad. Si por ejemplo tan solo un 1% es productora de un tipo de fraude, la regulación que se impondrá aplicará al 100% a pesar de que seguramente habrá un porcentaje muy alto de personas que no tienen ni tuvieron nunca intención de una acción perjudicial y lesiva para el conjunto.

Así entonces resulta necesario evolucionar la cultura transaccional actual altamente regulada por aparatosos esquemas judiciales y estatales requiere de muchos elementos culturales, educativos y filosóficos que necesitan de altas dosis de innovación. Estos aparatosos sistemas legales, judiciales y estatales demuestran en la práctica la progresiva pérdida de principios internos generando entonces una complejización y una “paternalización” de Estados monolíticos reguladores de “las buenas costumbres y la moral” que funcionan como aplicadores de las acciones punitivas y correctivas necesarias que fallan sistemáticamente, porque en la práctica no logran demostrar siquiera la defensa de principios y derechos fundamentales de las cartas magnas de los Estados Nacionales.

¿Por qué precisamos de Estados paternalistas? una explicación podría ser que no somos personas ni ciudadanos educados en la autonomía y el manejo-decentralización del poder, el auto-control, la economía del deseo, la búsqueda del equilibrio, la detección y gestión de la violencia personal e interpersonal, y la defensa del interés y el bien común. No somos personas educadas en el interés de un mundo donde todos tengamos iguales oportunidades aún a expensas de ceder, desear menos, esperar o compartir. El esfuerzo que requiere este tipo de mundo y de sociedades es mayor pero también los beneficios del conjunto y la posibilidad de mejorar el ideario de futuro.

Nacer y crecer en entornos donde el orden y la ley se imponen en forma externa por estamentos del Estado, y no por una iniciativa individual y grupal, generan sociedades sin confianza que anidan y amplifican el temor y con esto la violencia en diversas formas como la violencia psicológica, moral incluso racial, religiosa y por supuesto económica. Y en este mismo entorno regulado por leyes externas y Estados monolíticos que no pueden confiar en la auto-administración de sus sociedades porque un mínimo porcentaje violento rápidamente desequilibra al conjunto del sistema no admite entornos donde se logre auto-administrar la confianza y así permitir dar para el bien del conjunto. Sin esto tampoco es posible pensar en sociedades que sean solidariamente responsable de toda la vida y las personas, y por ende tampoco podemos pensar en garantizar el futuro de todas las personas por el solo hecho de nacer humanas, proveyendo en conjunto de los recursos necesarios para vivir y desarrollarnos.

Pero en este punto, es que el mundo comienza a tener ciertas pre-condiciones necesarias para lograr el auto-control y la descentraliación del poder, generando confianza mutua a través de las nuevas tecnologías. Una cultura solidaria requiere de un compartir mucho más amplio y avanzado. En este esquema necesitamos saber rápidamente los problemas y necesidades de los miembros del conjunto y así ver en conjunto de dar respuesta. Muchos ejemplos actuales de redes sociales, sistemas “en la nube” y aplicaciones móviles comienzan a dar cuenta de una progresiva evolución hacia una cultura de la compartición y socialización de la información cada vez más disponible para todos. Nos resta aún eliminar barreras culturales y miedos porque aún debemos cuidar “la imagen” que proyectamos al hablar de nuestros problemas o deseos, o el temor al “que podrían hacer con aquello que compartimos” siendo que aún vivimos en un entorno problemático. Un ejemplo de construcción de reputación y auto-control se ven en los portales de ventas donde la interacción entre las partes genera un historial accesible y una reputación global que tracciona sobre la base de que haciendo bien las cosas y pidiendo responder una encuesta a cada persona con la que se interactúa se puede gestionar y promocionar la confianza conociendo el grado de responsabilidad y la satisfacción de las partes. O sistemas como la moneda virtual Bitcoin funciona sobre un libro contable abierto al mundo (el blockchain) el cual hace que toda la economía y actividad sea accesibles a cualquier persona aunque con restricciones aún de identificación de personas. Son como digo, pequeños indicadores de que éste es el tipo de evolución que precisamos y que propician las nuevas tecnologías en favor de una gestión y auto-administración de la confianza, descentralizando en la práctica la administración y regulación Estatal, algo que precisamos para crecer como sociedades solidarias.

No será posible avanzar en un esquema solidario sustentable donde todos aportemos no en forma transaccional sino en forma solidaria y sea el conjunto social quien solidariamente se preocupe por el bienestar de todos tal y como sucede en una familia pero en forma ampliada. Esa capacidad de tener el futuro asegurado desactiva toda una cantidad muy importante de temores y violencias relacionadas con la necesidad de especular para asegurarnos en forma individual el futuro, permitiendo así abrirnos a una nueva forma de gestión de los recursos para el beneficio y evolución de todos como una entidad mayor sin perder cada cual su individualidad y su capacidad de desarrollar su máxima vocación.

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